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Ex-Portada. Columna

by
Frency

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El siguiente texto es parte de una necesidad de naturaleza ética, porque aborda humildemente la obra de un gran artista que hoy enfrenta a un poder destructor de la sociedad y el ser humano cara a cara. El 9 de agosto de 2021 Hamlet Lavastida llega a sus 38 años en tristes e injustas condiciones. Que este texto sea entonces un homenaje más de quienes le queremos y admiramos, como ser humano, como artista y como un intelectual orgánico de este siglo XXI. 

Hamlet Lavastida. Foto: Peter Rosemann.

El artista que más respeto suscita, es ese que incita, provoca, revela contradicciones, sea en el lenguaje, en las morfologías del arte o en los campos del ser humano como la política y la sociedad, porque emplea al arte en tanto medio o herramienta de expresión. 

 

El artista que más me conmueve es ese que sacude las bases de lo que consideramos “real”, es el que disiente, el disruptor de lo establecido si esto ha de ser cambiado y que no es muy dado a contentar a todos como ser social, intelectual o político. Por el contrario, molesta, incomoda y se torna impertinente a menudo.

Hamlet Lavastida Cultura Profiláctica 2021 Künstlerhaus Bethanien Berlin. Photo David Bran

Hamlet Lavastida. Cultura Profiláctica, 2021. Künstlerhaus Bethanien, Berlin.

Foto: David Brandt. 

Eso está en la personalidad y la expresión creativa de Hamlet Lavastida. Le he visto sacar de sus cabales a más de uno, a veces de modo casi insolente, pero en el fondo sin el menor interés por dañar, o por la mala acción, sino por demostrar con su expresión que algo no está bien y merece un enfoque crítico para que, en algún caso, sea renovado. 

 

Detenido por la Seguridad del Estado de Cuba desde el 26 de junio de 2021, bajo la construcción de un caso en su contra por un delito no cometido –al estilo de los más oscuros escenarios distópicos tipo “1984” o su versión cinematográfica “Brazil” de Terry Guilliam, o como en “Matrix”, “Minority Report” y tantas más realidades, ficcionales o tangibles–, Hamlet ha hecho lo que muchos: compartirnos ideas buenas, regulares o malas, como en los talleres de arte, en los brainstorms creativos, esta vez mediante chats en redes sociales que han sido intervenidas por la Seguridad del Estado cubana con la clara intención de crear perfiles delictivos sobre intelectuales, artistas, “tanques pensantes” y actuantes que por años han sido molestos para el establishment cubano de la mal llamada “Revolución”. 

Hamlet Lavastida Cultura Profiláctica 2021 Künstlerhaus Bethanien Berlin. Photo David Bran

Hamlet Lavastida. Cultura Profiláctica, 2021. Künstlerhaus Bethanien, Berlin.

Foto: David Brandt. 

Hijo natural de una vocación crítica necesaria en el arte, Hamlet Lavastida es resultado lógico de una sensibilidad del arte contemporáneo cubano por penetrar en los problemas de la sociedad, la política, la historia, el ser humano. Es consecuencia de una tendencia sembrada en los años ochenta y revivida en el paso del fin de siglo y milenio hacia los albores de este XXI turbulento, lleno de extrañas, dramáticas y trágicas sorpresas para la mayoría.

 

La sensibilidad de Hamlet es la del descreído, pues en algún momento de su vida se quitó las anteojeras, con lo cual adquirió y entrenó una percepción más profunda sobre los procesos, los hechos y las cosas que le han rodeado. Y con ese arsenal fue convirtiéndose en un “arqueólogo” de la amnesia para revisar en la Historia y el imaginario que ella genera y detectar contradicciones, fallas, imposturas y engaños. Múltiples razones para ver en “el pasado” las bases de por qué vivimos un “presente” como el que acontece. 

 

Entonces Hamlet, dicho de otro modo, no es un simple revisionista crítico de la Historia –y esta es su obsesión– sino un creador que se adelanta a los acontecimientos sociales: con su naturaleza radiográfica o de scanner y nos la expone sin afeites en el discurso y la producción simbólica que la acompaña desde el poder. Hamlet emplea una operación aparentemente simple –al parecer por un influjo metodológico de Hans Haacke y otros similares–: recurre a las fuentes mismas y las muestra, las socializa de modo que ellas expresan la contradicción entre lo planteado y lo practicado.

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Hamlet Lavastida. Tomado del perfil de Facebook del artista. 

Teoría y práctica, discurso y verdad, palabra y acción. Los primeros parecen ser negados o al menos cuestionados por los segundos. Y así el artista delata la gran falacia del sistema en el que esté indagando. Por lo que el problema, la manipulación, la traición a los principios, a lo enunciado, a lo dicho a la sociedad toda, es refutada por la misma realidad que ha acontecido. Y el “enemigo”, el “contrarrevolucionario”, el “traidor”, es precisamente quien se propone construir y crear enemigos, contrarrevolucionarios y traidores que no existen. Y así encubre su infidelidad, su mentira. 

 

Pero Lavastida se ha encargado por años de revelarlo, exponerlo, hacer explícita tal manipulación. Y eso molesta, es caro para el poder. Y este, por su naturaleza traicionera, espera el momento y arremete contra el artista perturbador.

 

Ese es el Hamlet Lavastida con el que he trabajado en más de tres exposiciones y eventos de arte. Es la persona con la que he disfrutado largas conversaciones relacionales o “paranoicas”, mientras trabajamos editando sus videos de stop-motion, o rectificando una plantilla calada de las que resultan obras excelentes, o festejamos discutiendo ideas que alimentan proyectos y exposiciones posteriores. Es el artista que apoyé como tutor de su proyecto de graduación en la Universidad de Artes en Cuba –en medio de un ambiente de tensión por sus posiciones antisistémicas y críticas, con representantes del Partido Comunista que intentaron manipular el acto académico de su Tesis de grado con la idea de “castigarle” por sus actos incómodos durante el periodo en la Universidad–.

Hamlet Lavastida Cultura Profiláctica 2021 Künstlerhaus Bethanien Berlin. Photo David Bran

Hamlet Lavastida. Cultura Profiláctica, 2021. Künstlerhaus Bethanien, Berlin. (Vista parcial de la exposición). Photo David Brandt. 

Pero ya era un artista, ya comenzaba una proyección emergente. Ya habíamos tenido que pelear contra representantes de instituciones del gobierno, policías culturales, censores, policías reales disfrazados de civiles, contra agentes encubiertos dentro del circuito de los artistas –varios infiltrados en el grupo cercano a Tania Bruguera y la Cátedra ARTEDECONDUCTA– y Hamlet, otros artistas y yo sabíamos que eso sucedía. No podíamos ser ciegos a una práctica que es tan antigua como la prostitución: el espionaje y la delación.

 

Y todo eso está contenido en las elegantes obras que Hamlet compartió durante su experiencia en el Künstlerhaus Bethanien en Berlín, del 16 de abril al 24 de junio de 2021. CULTURA PROFILÁCTICA es un crisol de experiencias como investigador de las narraciones y los simbolismos del poder de una ideología represora, engañosa y anuladora de la individualidad como la desarrollada en el contexto cubano y en naciones europeas y asiáticas bajo el llamado “sistema socialista” o “comunista” –que en última instancia son intereses disfrazados de un andamiaje ideológico que encubre la naturaleza devastadora del poder contra la condición humana–. 

 

Como indica el título, la remisión a lo preventivo, a lo que se efectúa previo a un proceso más complejo, sobre todo en el campo clínico de donde parte el término “profilaxis”, se aplica de modo similar por el aparato policial y de seguridad dentro de varios sistemas, en este caso relativo al mecanismo de control cubano, el artista realiza una investigación desde hace más de un año sobre parte de la narrativa y la construcción icónica del régimen cubano para ejecutar sus “profilaxis” sociales mediante la manipulación y la propaganda. 

Hamlet Lavastida Cultura Profiláctica 2021 Künstlerhaus Bethanien Berlin. Photo David Bran

Hamlet Lavastida. Cultura Profiláctica, 2021. Künstlerhaus Bethanien, Berlin.Photo David Brandt. 

Hamlet se vale del repertorio del arte underground, construyendo plantillas caladas que sirven lo mismo para mostrarse como soportes que como medios para realizar graffities en la calle. Mucha obra suya quedó plasmada en forma de acciones o esparcidas en su ciudad y en otras partes de América, Asia y Europa. El medio contiene un valor conceptual, por cuanto las matrices caladas para graffiti poseen una relación directa con lo clandestino, lo antisistema, lo rebelde. Pero aumentan su valor cuando entramos en su narrativa y elaboración icónica.

 

Hamlet Lavastida es un detective de las fallas y las comparte desde una estética propia de la “guerrilla cultural”. Nada más coherente entre técnica, soporte, método, medio y mensaje. Y eso lo ha colocado en el colimador del aparato represivo cubano. 

 

Y ahí la paradoja: Alemania como espacio simbólico de libertad le acoge –contexto no exento de problemas y contradicciones– ya lejos de aquel Berlín dividido, de esa nación polarizada pero con una sociedad necesitada de mucho. Hamlet respira esa experiencia. También la investiga. La comparte. Propone ideas. Plantea cómo mantener subversiones simbólicas que tengan un efecto real. Ahí queda la idea. A la espera, en el aire. 

 

Y entra en la zona restringida de su país de origen, le esperan, lo cazan como a una presa esperada, de modo traicionero. Y su expresión de libertad pretende ser acallada en su base cultural. Cuba anda por el camino que hace veinte y un años hizo que alemanes y muchos en el mundo lloráramos de alegría, esperanzas diferentes, no ahogadas por un falso concepto de proyecto social.

 

Hoy el artista que tantos extrañamos libre, con su insolencia y sarcasmo, con su rostro jocoso de observador, padece por propugnar un modo de ser menos prisioneros de un régimen. La libertad siempre tendrá un precio alto para cualquier sociedad, viene seguida de violencia, agresión a la individualidad y a la coletividad. Es parte de las causas y los efectos más allá de la historia. 

Como otros, Hamlet ha percibido que tras los conceptos se esconden muchas imposturas. En el caso de su obra exterioriza refinadamente, pero sin edulcoraciones, los tantos engaños a una sociedad completa, a naciones enteras, bajo la falsa idea del socialismo y la real práctica de una ideología que anula al ser humano a favor de una masa atada por decisiones dictadoras.

 

Hamlet Lavastida Cultura Profiláctica 2021 Künstlerhaus Bethanien Berlin (Detail). Photo D

Hamlet Lavastida. Cultura Profiláctica, 2021. Künstlerhaus Bethanien, Berlin. (Detalle)

Photo David Brandt. 

Alemania, como Cuba, ha sido un proyecto de nación, de construcción moderna de una sociedad, realmente joven, que parte de la segunda mitad del siglo XIX. Alemania fue el traspatio de Europa, tierra de guerras dilatadas. Su orgullo y chovinismo, como el cubano, son expresión de una necesidad emancipatoria y de imposición existencial en la época moderna tardía, cercana a la contemporaneidad. 

 

Ambos proyectos de construcción de identidad y sociedad han padecido esos nacionalismos extremos y derivaron en sistemas donde lo diferente y lo diverso no han tenido cabida. El contexto germánico, tras fanatismos, nazis, violencias discriminatorias, “guerras frias” y divisiones polarizadas de prácticas ideológicas, decidió una necesaria fusión social. 

 

Cuba se mantiene a la espera de la suya, donde se genere otro espacio de inclusión y no como sucede: de exclusión en nombre de un poder cada vez más minoritario como el de un Partido con su ejército real y disfrazado, que no protegen a la sociedad sino la devastan. Y con esa destrucción el desbaratamiento de todo lo que se conforma.

 

Es perverso que Hamlet Lavastida viva experiencias como artista en un espacio que camina sobre lo democrático –lo que no lo hace perfecto, pero más inclusivo que muchos– y su “regreso a casa” sea la entrada a las fauces de una bestia disfrazada de “Revolución”: porque Hamlet, lo sabemos de cierto, es otro hijo de Saturno.

Real Montecassino. Agosto 2021

 

Material Visual: propuesto por  Frency Fernandez y cortesía del artista 2021