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Project Space Festival Berlin: una ciudad sostenida por espacios de apoyo mutuo

Pukuna Studios: imágenes latinoamericanas desde Berlín

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El Project Space Festival Berlin vuelve a poner en primer plano una de las dimensiones más vivas, frágiles y decisivas de la ciudad: su red de espacios autogestionados. Entre el 30 de mayo y el 28 de junio de 2026, el festival activa durante treinta días una constelación de treinta project spaces distribuidos por Berlín. Cada espacio dispone de veinticuatro horas para proponer un evento propio, dando forma a un programa cambiante de exposiciones, conciertos, instalaciones, talleres, recorridos y performances.

Más que una suma de inauguraciones, el festival funciona como una cartografía temporal de la producción cultural independiente. En una ciudad donde los alquileres, la especulación y la profesionalización institucional amenazan constantemente a los espacios pequeños, el gesto de reunirlos bajo una misma plataforma adquiere una dimensión política. La edición de este año insiste en la visibilidad, pero sobre todo en el apoyo mutuo como condición material para que existan prácticas artísticas no subordinadas del todo al mercado.

El programa se abre en Scherben con Body Multiple, una exposición que examina las relaciones entre masculinidades queer y exotización. La muestra pone en diálogo fotografías históricas de Albrecht Becker con obras de Jean-Ulrik Desert, Richard Hawkins, Hervé Joseph Lebrun y Lucas Odahara. Desde el inicio, el festival sitúa así el cuerpo, el deseo y la mirada colonial como campos de disputa.

Otros proyectos desplazan el arte hacia infraestructuras y espacios cotidianos. En la estación de Hermannplatz, la plataforma curatorial PASSAGE presenta Groteske, de Pedro Moraes, una instalación que reproduce el empañamiento del vidrio provocado por la respiración humana. El gesto mínimo de un cuerpo en el transporte público se convierte aquí en un acontecimiento visual fugaz, casi imperceptible, que altera la arquitectura funcional de la estación.

En la piscina al aire libre de Humboldthain, Tropez celebra diez años de actividad con la exposición PRÉSENT. Las obras de Selin Acarbaş, James Bantone, Maty Biayenda, Ileana Farabini, Thuy Tien Nguyen y otros artistas trabajan con la memoria colectiva del lugar y con las preguntas que atraviesan hoy los espacios públicos de ocio. En Weissensee, Neun Kelche propone una caminata curada por Canberk Akçal, donde intervenciones sonoras, lecturas performativas y acciones con plantas activan distintos puntos del barrio.

Uno de los momentos más sugerentes ocurre en Pickle Bar, espacio sin fines de lucro fundado por el colectivo Slavs and Tatars. Allí, Kexin Hao presenta Revolution Is a Dinner Party, una performance de títeres en la que un gorrión y una rata discuten sobre conflicto de clases, injusticia histórica y violencia colonial. La pieza utiliza un formato aparentemente menor para abordar la persistencia de estructuras políticas que atraviesan tanto a humanos como a animales, ciudades y territorios.

El cierre del festival, Organized Meals for Times of Uprisings, resume quizás mejor el espíritu de esta edición. A través de una lectura, una conversación abierta y una comida compartida, el encuentro reúne a artistas, trabajadores culturales y visitantes para pensar formas de solidaridad en tiempos de crisis. El festival no presenta los project spaces como una periferia pintoresca del sistema artístico berlinés, sino como una infraestructura crítica: lugares donde todavía es posible ensayar otras formas de encuentro, producción y pertenencia.

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Pukuna Studios es una productora audiovisual integrada por cineastas latinoamericanos radicados en Berlín, con más de quince años de experiencia en cine, fotografía y contenidos visuales. Su trabajo parte de una idea sencilla: la belleza está presente en todas partes, pero para encontrarla hay que aprender a mirar de otro modo.

La productora desarrolla videoclips, cortometrajes, películas, piezas para plataformas digitales y proyectos visuales a medida. Su enfoque privilegia la colaboración con artistas, músicos y creadores, entendiendo cada proyecto como un proceso compartido en el que la idea inicial se transforma a través del diálogo y la experimentación.

Pukuna combina una sensibilidad cinematográfica con una mirada documental y cercana. En sus producciones audiovisuales buscan que cada imagen conserve la atmósfera, el ritmo y la dimensión emocional de la historia que se narra. Su herencia latinoamericana atraviesa ese modo de trabajar, no como una etiqueta fija, sino como una forma de construir relatos con identidad, memoria y atención a los matices.

La fotografía ocupa también un lugar central en su práctica. Especializados en retratos de actores y artistas escénicos, trabajan desde una estética honesta y poco artificiosa, interesada en capturar presencia antes que fabricar personajes. Entre videoclips, cine, retratos y documentación de procesos creativos, Pukuna Studios se sitúa como una plataforma audiovisual conectada con la escena artística latinoamericana y migrante de Berlín.

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