Mugler:
 

Mente visionaria

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El video musical Too Funky del cantante George Michel podría definirse como una pieza icónica de lo que fue el Pop de inicios de los noventa y el fenómeno de las super-modelos, pero además registra un momento  muy puntual de la cultural visual dentro de la moda. 

 

Los atuendos sobre los que  Linda Evangelista, Eva Herzigova, Emma Sjöberg, Estelle Hallyday, Tyra Banks, Beverly Peele o Rossy de Palma despliegan sus performances son creaciones de Thierry Mugler, uno de los diseñadores que definiría la estética de una década y que, como director creativo de este video demostraba su dominio de diversos medios.

 

El nombre de Mugler está asociado a cualidades como la teatralidad, el glamour exuberante y descolocado, cierto sesgo Camp y la persistencia de elementos fantásticos. Su propuesta se sitúa en la órbita más propia de un Versace, el Dior de Galliano, un Lacroix. Estos definen gran parte de la alta costura  de los noventa y en cierto modo provienen de una genealogía donde Mugler había acentado las primeras rutas del camino. Del otro lado se siturarían estéticas minimalistas o la antimoda a lo Kawakubo.  

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David Bowie viste un traje de neon verde de Thierry Mugler, de la colección   “Les Cow-boys”,  prêt-à-porter Primavera/Verano 1992. aquí está fotografiado por Brian Aris, 1992.
Foto tomada de la exposición "THIERRY MUGLER, COUTURISSIME", Kunsthalle  München

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 Traje “La Chimère” , un clásico de Thierry Mugler,  haute couture, otoño /invierno 1997–1998.

Foto tomada de la exposición "THIERRY MUGLER, COUTURISSIME", Kunsthalle München

En los ochenta la idea de mujer fuerte se había manifestado sobre todo en el vestuario.  No solo las hombreras exageradas señalizaban el poder, las Materail Girls representadas por Madonna y el desenfado de una Cyndi Lauper autodramatizaban la ruptura de convenciones estéticas y morales. A mediados de década y en los lustros posteriores, se intentó hacer énfasis en la mujer en el ámbito del mundo corporativo y las corrientes minimalistas protagonizadas por una Jil Sander o la adecuación comercial protagonizada por Dona Karan desplazaban la extravagancia anterior. 

 

Y es que los ochenta fueron años definitorios para Mugler. En ellos desató su impetú y redefinió la noción de show de moda.

 

Su primera colección „Café de París“, 1979 mezclaba referentes del cine negro y el ballet. Desde esta primera entrega hizo uso de tejidos futuristas, trajes esculpidos, hombreras anchas y cinturas extrechas, elementos que se convirtirian en parte de la identidad de su marca.

 

En esos modos creativos de representar la mujer poderosa, Mugler creó el blazer perfecto donde mezclaba la corsetería con la sastrería.

 

En una de sus colecciones posteriores de 1986 se inspira en la anatomia de héroe. Aquí la mujer encarna un super héroe indestructible, fuerte, del futuro. Las piezas tienen el componente de traje espacial junto a cierta reminiscencia de los gladiadores de la cultura clásica.

 

La mente visionaria de Mugler hizo que muchos de estos y otros elementos definitorios de su estética impregnaran el repertorio visual de una década. 

A finales de enero del 2022 corría la noticia del fallecimiento del diseñador, la causa no fue del todo esclarecida. Desde hace dos años varios museos e instituciones de arte del mundo recogen en muestras parte de sus creaciones más representativas. Lo que fue un homenaje en vida parecía anunciar de manera velada el cierre de su ciclo vital y una recapitulación de su trayectoria. 

 

El impacto de su estética en la cultura visual contemporánea le ratifican hoy como un visionario. Una mente prólija que, desde sus shows, anunciaba posocinamientos frente a determinadas cuestiones de la cultura, la vida social, la política y el arte.

 

En 1973 Mugler lanza su marca homónima de la cual estuvo al frente hasta el 2002. Desde sus inicios incorporó nociones del vestuario propios el ballet clásico o la ópera, quizás se deba a que ya en la adolescencia pretendía convertirse en bailarín, sin embargo años después estudió diseño de vestuario y trabajó en París para otras marcas. 

 

En esos años iniciales el aún joven Mugler vivenció la transición del culto por la alta costura a un dominio de la moda  prêt-à-porter más cercana a las nuevas generaciones y la cultura pop. Mugler divisó en este sutil desplazamiento el momento oportuno de integrar una visión rupturista en un sistema que aún jugaba con viejas reglas. 

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Vista de la exposición "THIERRY MUGLER, COUTURISSIME",  Kunsthalle München

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Una de las polémicas actuales en el centro de la industria de la moda es la necesidad de experimentar sobre nuevas siluetas, vestir cuerpos para nada canónicos dentro de los estandares de la cultura del vestir. 

 

Sin embargo, las primeras colecciones de Mugler ya demostraban un ánalisis de los cuerpos y cómo estos, desde disímiles abordajes, podían comunicar determinados valores o estar asociados a ellos. Esto se demuestra mediante su uso de modelos denominadas de tallas plus, sobre todo en la reincidencia de una de sus musas y amigas, Stella Ellis. Hoy, cuando la inclusividad de diferentes tipos de cuerpo y fisionomía es un tema camino a la normalización dentro del sector, Mugler podría definirse como un aventajado.

La manera en que solía entrelazar la alta cultura y la cultura de masas, la ópera con Disney, la ciencia ficción y el ballet, las vanguarias artísticas con la cultura de la celebrities, dan indicios de operativas de creación postmodernas, pero también de un tiempo por venir, donde la barrera entre estos diferentes registros de aprehnder cultura se desdibujan, sin la preeminencia de las culpas típicas del elitismo. 

 

Alli está su colección de la mujer arte con referencias a Mondrian y el Art Pop. El Pop es una constante en Mugler, con el momento epígono de DJ Dimitry y Lady Miss Kier sobre la pasarela, o su "body de moto" reverenciado por figuras del espectáculo a lo largo de estas últimas décadas. Desde las portadas de la cantante Beyoncé hasta David Bowie protaginizando editoriales y vistiendo en eventos sociales piezas de la fima es Mugler una parte esencial en le imaginario de las celebridades.

Esas conexiones entre el mundo de lo fantástico y la cienica ficción, la arquitectura, el cine, la literatura y las artes plásticas,quedan registradas en las fotos recreadas en las casas del arquitecto mexicano Barragan, el clásico traje androide inspirado en Metrópolis o  cuando subió a Inès de La Fressange a la pasarela ataviada como un poodles. 

Pure Gold and Diamonds, Mugler
Cardi B in Mugler

Pero el ojo visionario de Mugler no se límito al uso de las más variadas referencias artísticas. Su necesidad de explorar los caminos de la sexualidad y las identidades, lo llevo a jugar con elementos del fetischismo, el cuero o el uso del Body hipersexualizado, una pieza que ha trascendido hasta nuestros días y ha sido reinterpretada por varias firmas.

Pero también el universo del diseñador se dejaba poblar por figuras que representan lo que desde una mirada más actual y desde el discurso de las identidades se podría definir como inclusivas. 

 

La inspiración viene del universo queer, el submundo de los bares y la noche, el crossdressing y lo trans. Íconos como Conni Fleming o Lipsynka y una caravana de personalides que en su momento derribaban todo tipo de clasificaciones y hacían de la pasarela Mugler, una topía para el goce de las identidades. 

 

Mugler rompe también con el culto festinado a la juventud e introduce modelos de la tercera edad. Entre los momentos más destacables está la salida a pasarela de Naomi Campbell junto a su madre o Carmen Dell ʼOrefice haciendo despliegue de todo su carisma. 

 

El especroo de posibilidades de las naturalezas alteradas describe y resume parte esencial del viaje de Thierry Mugler dentro de los caminos de la creación. Su icónico vestido de Mujer Quimera ha recorrido varios museos del mundo y es sin duda uno de esos staments con que se podría acuñar su estética. Como también lo fueron sus fragancias que, a pesar de sustentar su modelo de negocio - „Angel“ llegó a superar en ventas a cualquiera de las fraganicas de Chanel- no impidieron que tuviera que relanzar su marca en 2006, tras el auge de la moda minimalista. 

 

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Sin embargo, el diseñador logró hacerse notar hasta el final. Su devoción por el mundo del espectáculo, lo llevó a vestir a artistas y personalidades públicas de las últimas generaciones, ejemplos recientes y memorables: Kim Kardashian y Cardi B. 

 

Ese espíritu de transformación, esa necesidad de pertenecer al futuro adquirieron una forma de manifestarse en el cuerpo del diseñador. Su cambio físico mediante el fisiculturismo y la reconstrucción facial después de un accidente hicieron del grácil bailarin un gladiador atemporal, la reencarnación de algunas de sus creaciones. „Me reconstruyeron la cara después de tener un grave accidente en el gimnasio, donde me la destrozaron completamente“, afimaría en una entrevista Mugler, quien desde entonces se llamó a si mismo Manfred.  

 

Su historia perdurará como la de una estrella de rock, pero para aquellos que aún apuestan por el poder de la creación aún en el más estandarizado de los ámbitos, perdurará como la de un maestro. 

Vista de la exposición "THIERRY MUGLER, COUTURISSIME",  Kunsthalle München