Chirrido
Juan Miguel Pozo


                                                 

Ex-Portada. Columna

by
Frency

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Tanques. 200 x 140 cm. Acrílico sobre lienzo.

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Sentir los espacios y lo que significan o emana de ellos no les es posible a todos, sus similitudes o diferencias pasan desapercibidas las más de las veces . Menos aún, preguntarnos por qué son de un modo y no de otro, ni las bases culturales desde las que se han desarrollado. Por eso sospecho que para Juan Miguel Pozo haber vivido entre la zona oriental de Cuba –suburbana y diferente por más caribeña–, luego la habanera con sus ínfulas metropolitanas occidentales, y después andar por la vieja Europa, entre “la cazuela” madrileña con sus variados ritmos y microcontextos, junto a otras vivencias en una España dicotómica –como su excolonia caribeña–, hasta un Berlín como “melting pot” o Treffpunkt y dentro del mismo el legendario oasis artístico e intelectual de Kreuzberg; repito, sospecho que todo ese entramado ha generado en su ímpetu creativo un mosaico de uniones y tensiones, relaciones y ruidos donde la historia, las ideologías y la cultura contemporánea sustentan importantes bases que conforman el presente.

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Europa. 80 x 110 cm. Acrílico sobre Lienzo

Visto desde ese sentido de entramado cultural, Madrid es el margen de confrontaciones culturales seculares y religiosas que están tras las bambalinas del proyecto de construcción moderna y posterior. Consecuencia de esa fuente, La Habana sobre todo, fue un laboratorio de experimentos socio-espaciales que alcanzan puntos máximos con la entronización de una ideología construida desde una presunta izquierda mal llamada Revolución, y en paralelo, la depauperación gradual e interminable del espacio físico y espiritual de su sociedad.

 

Esto traza un nexo directo con ese Berlín antes dividido, traumado por la polarización de las ideologías y que en su “occidentalización” ofreció a la cultura artística un potente referente tras la post-vanguardia alemana, tanto la proveniente de Düsseldorf, con sus líneas neoexpresionistas como los Neue Wilde o los influidos desde antes por Fluxus, los conceptualistas o los pop, como la posterior Nueva Escuela de Leipzig impulsada entre otros por Arno Rink y de la que Neo Rauch es una de sus cabezas visibles.

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El artista Juan Miguel Pozo frente a una de sus obras.

 Por esos impulsos se permea de un imaginario que proviene de la propaganda ideológica y su manipulación simbólica, de la estética espacial de corte socialista, de una expresión gráfica basada en las derivaciones del Bauhaus y la vanguardia rusa, además de una estética hoy englobada dentro del “vintage”, que trasciende posiciones políticas y nos remite a imágenes epocales y al tiempo que retratan, a un modo personal de expresar el Zeitgeist consecuencia de la entremezcla, de la profusión cultural y estética.

 

En las obras de Pozo hay una añoranza por una época: los ochenta del pasado siglo. Una etapa y lo que en ella converge donde comenzaba a ser más evidente el “imperio del plástico” y del kitsch como algo normal en la vida a partir de una indistinción entre lo alto y lo bajo de la cultura, que evolucionó en paralelo con la cultura del post-punk, la New Wave, el Synthpop, el Krautrock y otras derivaciones del rock y sus modos de vida –porque no podemos dejar a un lado de su obra visual su relación directa con Bӧhse Onkelz y otras bandas, músicos, DJs y agitadores de bares o centro nocturnos–. Toda esa combinación de corrientes influyen en la sensibilidad y mentalidad del artista, tanto en su expresión visual como sonora. 

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Naufragio. 200 x 140 cm. Acrílico sobre lienzo

Tras mucho, comenzamos a vivir una práctica y consecuente estética de lo falso, de la copia, de la matriz extraviada o escondida, o de la autenticidad vista desde otra posición –pero ya seguro que no desde esa llamada “originalidad” de base moderna–.

 

Es una época que nos sumergió en lo clip, lo dinámico por cortes seductores, lo acelerado por disrupciones atractivas, el acto de la manipulación como una destreza superior. Porque anunciaba la entrada a un estado de vida donde comenzamos a editarnos, hasta en lo más simple, a representarnos como queremos ser y no como somos. Esa época nos aventó una realidad más pop que la de sus pioneros en los años sesenta, pero menos ridícula que los años posteriores con la estética “disco” y una gran falta de swing. Y fue menos divergente o disensora sólo en apariencias –porque desde su cinismo lingüístico nos preparó para ser más paranoicos y percibir algo más allá de los procesos, los hechos y las cosas con un mejor empleo del lenguaje retórico–.

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Horizonte. 200 x 140 cm. Acrílico sobre lienzo

El sentido “collage” de la mayor parte de sus obras es realmente en dirección opuesta: es un “decollage” en la medida que infringe a las imágenes, los planos y las composiciones que entremezcla una suerte de deconstrucción icónica. Es similar en ese sentido a Mimmo Rotella, porque ambos beben del repertorio icónico urbano, y ese repertorio propio de las urbes es como un gran sandwich de imágenes, capas de iconos, signos, símbolos y mensajes que generan una gran pulpa visual. Entonces el “decollage” es el efecto –como en los palimpsestos– de revelar lo que hay detrás de cada plano o capa de imagen.Todo eso yace en las bases de Pozo, y es el caldo de cultivo básico desde el que bebe sin dejar a un lado otros efectos paralelos desde el arte, la gráfica, la ideología, la filosofía y la sociedad.

 

Tras los ochenta, con la despolarización momentánea del cierre de esa década y el anuncio de un lapso con mayores anhelos y nuevos intentos sociales románticos, pero ya no utópicos sino nihilistas; muchos procesos, hechos y cosas perdieron su anterior posición jerárquica en la cultura.  

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 CENTURY. 240 x 300 cm. Acrílico sobre lienzo

Adiós las fronteras tras la “guerra fría” de postguerra, bienvenida una nueva globalización cuando los mapas cambiaron de color y otro conservadurismo emergió con los viejos lobos renovados. Y lo histórico, lo cultural, lo banal, lo pedestre, todo comenzó a afectarse más por una paridad, una renivelación de lo importante a favor de un todo en igual plano. Grandiosidad y mediocridad, trascendencia e irrelevancia, historia y desmemoria, así como muchos otros pares dicotómicos de occidente, dejaron de ser tal y la percepción del “anything goes” pareció adueñarse de la cultura en general.

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 P-2. 200 x 140 cm. Acrílico sobre lienzo

Tras lo placentero de ese pastiche de imágenes, en gran medida resultado icónico de espacios vividos, ahora en la memoria, tras metabolizaciones individuales, podemos encontrar la burla a lo irresuelto, la ironía ante el fracaso, el sarcasmo ante lo decadente y una dulce evocación de lo ya inexistente. Con esos resortes, la pintura de Pozo nos muestra parte de cómo somos en un presente y se avizora un futuro. Aun con datos autorreferenciales, su espectro ontológico es compartible y nos dispone cómplices de épocas, melancolías, humores y escapatorias ante las perplejidades, las desilusiones y la capacidad poética que él como artista posee para conducirnos a esos ámbitos de pérdidas, naufragios, ruinas y nostalgias.

CDMX , 2021

 

Material Visual: propuesto por  Frency Fernandez y cortesía del artista 2021