58. Biennale di Venezia

by

Andres Alvarez

Un sol vehemente, turistas arremolinados en torno a espléndidos cafés a ambos extremos del Rialto, góndolas timoneadas por mozos que distan mucho de los retratados en una postal idílica o alguna publicidad de Jean Paul Gaultier. Más turistas en torno a los embarcaderos y el ruido del agua golpeando las paredes en el trepidar que dejan los barcos a su paso:

Venecia en Mayo.

El pasado mes quedó inaugurada , como es de costumbre, la Bienal de Arte de Venecia. Aunque, desde hace varios años el sentido y efectividad de esta modalidad de eventos se considera ineficaz, sigue siendo esta Bienal el suceso más importante del calendario artístico. 

La sensación de que el arte, o las propuestas artísticas nos pueden abrir hacia otra visión de lo real, es una idealización tan cargada de furor  como de buena fe. En tiempos denominados por algunos como de „post- verdad“, donde relativizar  la veracidad de los hechos y los fenómenos es un mecanismo válido para protegernos del sinsentido; también parece afianzarse la toma de partidos extremos, como una necesidad de retener certezas que no son más que esa teatralidad de lo real. Y en tiempos donde el poder se expresa también desde esa teatralidad descarnada, no ya como un grupo oculto, sino como una pandilla irrespetuosa de colegiales; el curador de esta edición ha pretendido anudar  obras bajo el enunciado May you live interesting times; pero sin cometer el riesgo de trazar líneas temáticas cerradas. 

La frase que da nombre a esta edición tiene su historia y proviene de una especie de conjuro o maleficio chino y fue empleada por Kennedy en un discurso en Sudáfrica en 1966. El curador Ralph Rugoff la retoma ahora para apelar a lo incierto del momento que vivimos y lo desestabilizador y complejo que puede ser esa interacción entre nuestras realidades y nuestras propias aspiraciones, esperanzas y sueños.

 

Pero la propuesta curatorial se queda en una zona media entre intentos por ilustrar tiempos disruptivos y la selección casi descomprometida donde todo es posible. No obstante, en ese discurrir entre la crítica y la postura banalizadora, nos encontramos con obras remarcables. 

Tras un merecido Golden Lion por Lifetime Achievement a Jimmie Durham y su participación con la obra Black Serpertine, podría ser citada también la contundente participación de la artista Hito Steyerl y su escenificación de una catástrofe ecológica. 

 

 

A pesar de deshacerse de una propuesta temática cerrada, trae Rugoff algunas obras que abordan de manera frontal nuestro presente. Un ejemplo de ello es el Muro de Teresa Margolles  y el Barco agujereado de Christop Büchel. Aunque puedan entenderse estas obras como escenificaciones facilistas de dramas actuales, digamos que también son pautas claras y necesarias en una muestra central que a veces nos hace preguntarnos: y este es el abismo de preguntas y ecos ensanchando sentidos que debe dejarnos el arte contemporáneo? 

Por supuesto hay  otra serie de piezas que rondan de alguna manera las problemáticas que van desde la violencia de género, el debate de la delimitación de fronteras culturales y étnicas, el drama en torno a las drogas y el impacto de un futuro altamente tecnologizado sobre los individuos. Una de las obras que se acercó a este último tópico Can’t Help Myself (2016) es  una combinación inquietante y a su vez cautivadora entre tecnología y poesía, futuro y presente. El brazo robótico de Sun Yuan y Peng Yug intentaba despejar el piso de un líquido rojo semejante a la sangre o el vino y era tan espectacular como la instalación en Arsenale de Dear (2015) - también de estos dos creadores chinos- en la que la típica escultura del Lincoln Memorial es reducida sólo a la silla presidencial y desde ella sale una válvula de escape de aire. 

 Entre los pabellones a destacar se encuentra el de Lituania premiado con un León de Oro  y en el que el colectivo Neon Realism (Rugilė Barzdžiukaitė, Vaiva Grainytė and Lina Lapelytė) recreó una playa donde sus bañistas hicieron uso del bell-canto para debatir en torno al clima. Cabría mencionar  también la impronta de los artistas congregados en el Pabellón de Estados Unidos y la sobriedad y cierto hermetismo de alguna de las propuestas o la coherente interconexión entre video-proyección, instalación e instalación sonora que resultó el pabellón de Dinamarca.  Por su parte Brasil recibió una gran afluencia de público gracias a un proyecto donde  hacia uso de la fotografía y el video. En él se documentaba, mediante una combinación interesante entre ficionalización y estetización de lo real, las vidas y las subjetividades de los jóvenes en barrios menos favorecidos.

El Pabellón de Ghana generó un gran interés por parte del público y la crítica con su primera participación en el evento. Aquí la curaduría intentó trazar una narrativa sobre la historia de esta nación tras su independencia. Otros países que por primera vez tuvieron un espacio en la Bienal fueron Pakistan, Malasia y Madagascar. 

 

De la región latinoamericana resalta el pabellón de Perú y su muestra Indios Antropófagos. A butterfly Garden in the (Urban) Jungle en la que participan los artistas Christian Bendayán, Otto Michael (1859 – 1934), Manuel Rodríguez Lira (1874 – 1933), Segundo Candiño Rodríguez y Anonymous popular artificer. 

 

 

Más allá de las exposiciones en Giardini, Arsenale, el pabellón central y los pabellones nacionales, hubo también un gran número de muestras colaterales  que ensancharon el espectro de las propuestas visuales; es el caso de Futura Roma, The Spark Is You: Parasol unit in Venice, Salon Suisse: s l o w, Processional, an Installation by Todd Williamson, Baselitz – Academy y AFRICOBRA: Nation Time. 

SUN YUAN AND PENG YU 

Sondeando el territorio de las obras obnubiladas por ese maremágnum del todo vale que ha sido el santo y seña de esta bienal, traigamos aquí el nombre de otro grupo de artistas - quizás de menos visibilidad en el evento- a los que hay que tener en cuenta para intentar definir el estado de la cultura contemporánea: NJIDEKA AKUNYILI CROSBY (1983 ) de Nigeria, ALEXANDRA BIRCKEN (1967) de Alemania, CAROL BOVE (1971) de Suiza, RYOJI IKEDA (1966) de Japón, MARI KATAYAMA (1987) de Japón, ZANELE MUHOLI (1972) de la República de Sudáfrica, KHYENTSE NORBU (1961) de  Bután, CHRISTINE AND MARGARET WERTHEIM (1958) de Australia, "ArtlabYerevan" Artistic Group (Armenia), MARCO MANZO de Guatemala) entre otros.

 

La Bienal de Venecia es uno de los eventos de artes visuales más antiguos de su tipo (1895) y a su vez uno de los más prestigiosos. Esta, su edición número 120 cerrara el 24. de Noviembre.

 

Redacción y fotografía por Andrés Alvarez©2019

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