Más allá de la simbología  de los Objetos

                            Naturaleza Muerta

                                           y 

                                                 Cultura Material

by

Saul Joy

A. Alvarez. "Domingo", 2020

 

En los meses recientes casi todos hemos experimentado  la obligación de lograr una mayor aceptación con el espacio interior o los predios del hogar. Confinamientos forzados y voluntarios, han  evidenciado nuestra necesidad del espacio exterior, pero sobre todo han revelado la relación compleja del individuo con su espacio más íntimo. 

En esa reclusión, sólo nos encontramos nosotros y los objetos circundantes, elegidos o no, pero que en parte dotan de sentido esa vida de recogimiento.

En la cultura visual contemporánea (visual culture), tanto los objetos de uso común, hasta aquellos que consumimos con un fin más estético, vienen cargados de información, una información que ligada a una historia con fuertes entramados en la vida social y cultural. 

Pero ese reparar en los objetos cotidianos no sólo forma parte de nuestro presente, sino que siempre ha formado parte del hábito humano de representar su realidad. 

Uno de esos fenómenos es el de la Naturaleza Muerta. Este género pictórico pareciera dejar constancia la importancia de las cosas banales de nuestro mundo. En este texto de Saul Joy, se intenta un reflexión cruzada en torno la Naturaleza Muerta y la importancia de la cultura material. 

Willem Kalf, Stillleben mit chinesischer Terrine, 1662. Öl auf Leinwand, 64 x 53 cm. Gemäldegalerie Berlin 

El individuo y su micro espacio. La reverberación interior del sujeto en el mundo de los objetos que lo rodean. El individuo como quien mira. Los objetos como protagonistas. Los objetos se cargan de sentidos y adquieren una vida propia.

 

La aparente relación dual entre objeto y sujeto se trastoca. La fruta y la taza importada de china, el vaso quebrado o el caballete del pintor entran en una dimensión en que comienzan a significar más allá de las cualidades a ellos atribuidos. Es así como, para un espectador persistente o un crítico saturado por la academia y los rigores del arte de salón,  este género, destinado a artistas de segunda línea, adquiere una nueva dimensión. 

Dentro de las sistematización y estudio de los géneros pictóricos por parte de la Historia del Arte es la  Naturaleza Muerta uno de aquellos que a pesar de tener una posición inferior con respecto al retrato o la pintura histórica, ha sido más abordado en su relación con el desarrollo creativo y técnico de los artistas. También y a pesar de esta condición, persiste este en diferentes fases creativas de pintores post- impresionistas y algunos de los ya denominados de vanguardia.

 

Es por ello que, algunas de las imágenes más significativas del arte moderno que nos han sido legadas son deudoras de la naturaleza muerta y quizás esto,  no sea casual. 

Simbología de los objetos vs. cultura material. 

Clara Peeters, Stillleben mit Käse, Mandeln und Brezeln, ca. 1615. Öl auf Hölz, 34 x 50 cm. Mauritshuis, Den Haag. 

Para muchos artistas de inicios y mediados del siglo XIX, propiciar la legitimación de un género pictórico de una baja apreciación por parte del sistema del arte académico o tradicional era también un modo de romper con las normativas rígidas de dicho sistema.

 

Si en géneros cómo el retrato el interés recaía en la persona retratada, y la necesidad de hacer confluir en una imagen su personalidad con su físico, en la naturaleza muerta el mayor interés recae sobre el artista mismo o para decirlo de un modo más preciso, quién pinta y cómo abordaba el elemento representado. 

 

Llegado ese punto y por las propias facilidades de producción que implicaba el género, pero a su vez la pocas repercusiones negativas o positivas que podía tener una pintura de este tipo dentro del prestigio social del artista, fue este propicio tanto para la experimentación como para el ejercicio constante. Esa aparente ligereza con que fue aceptado el género, hizo que muchos pintores fueran llevando al extremo sus capacidades técnicas,  pero también fueran depositando en él otras necesidades expresivas, lo que se tradujo en cierto uso de las potencialidades simbólicas de los objetos.  De esa potencialidad simbólica se derivaron sub-géneros dentro d ella naturaleza muerta como el bodegón floral, el de hortalizas y frutas o el vanitas.

Juan Sánchez Cotán, Stillleben mit Quitte, Kohl, Melone und Gurke, 1602. Öl auf Leinwand, 69 × 85 cm. San Diego Museum of Art 

Ori Gersht, Pomegranate, 2006. HD Film, The Jewish Museum, New York 

La teoría del los géneros y los estudios de historia del arte han replegado esa búsqueda simbólica en los objetos dentro de las pinturas clasificadas como naturalezas muertas y se han desplazado de una zona tan „especulativa“ en cuanto al cifrado de las imágenes, o otra dónde la historia, la sociología y la vida cultural de estas se entrecruzan. 

 

La búsqueda de un mensaje oculto ha entrado en desuso por diferentes motivos. Uno de ellos se debe a la nueva visión que desde finales del siglo XIX y sobre todo en el siglo XX se tiene sobre la cualidad material de las cosas o los objetos „ordinarios“  que nos rodean en nuestra vida diaria.

 

Surge así un horizonte de lectura más anclado en la vida de los objetos, una cultura sobre lo material („material culture“). Los objetos aquí son portadores de una historia, una historia de producción o de transportación, pero también de relación con el hombre, su estatus, sus añoranzas y deseos. 

  Paul Cézanne, Stillleben mit Obstschale, 1880. Öl auf Leinwand, 46.4 x 54.6 cm. MoMA, New York

De ahí que una fruta tropical o una porcelana importada de china en la mesa de una banquero europeo del siglo XVII  nos remite a la admiración por los elementos „exóticos“, pero también, a la posibilidad de adquirirlos  en un mercado de exquisiteces, es decir, comentan sobre un rango social.

 

Con la propagación de la sociedad de consume se genera una nueva relación con determinados objetos, sobre todo bienes de consumo diario.

 

El consumo asociado a la distinción y a una noción de lujo fue importante para el funcionamiento de la economía. Esta adoración por los bienes de consumo y su implicación a un status social, pasa de ser un fenómeno asociado a lo ético a otro donde lo estético juega un rol primordial. Lo estético se convierte en valor. 

 

Antes del siglo XVII las sociedades occidentales se encontraban amenazadas por periodos de carencias, esto hacía que determinados bienes de consumo que hoy son comunes fueran altamente cotizados. Posteriormente la abundancia de estos bienes cambia la apreciación que sobre ellos se tiene. Y es ahí donde precisamente esa relación de funcionalidad con el objeto adquiere una dimensión más estética.

  Caravaggio, Cesto con frutas, 

  Naturaleza muerta sobre tabla VICTORIA, owo-ceramics

En la Holanda del siglo XVII con el creciente auge del comercio y la acumulación de riquezas es que tiene lugar este fenómeno que se haría extensivo a otras sociedades europeas y dónde el género de la naturaleza muerta despunta con mayor fuerza. Esa relación entre las cualidades estéticas y la simbología asociada a los objetos como marcadores de un jerarquía social, pero también a una  religión o una serie de costumbres  es abordada por Roland Barthes en su „Semiótica del Objeto“ 

 

Es con Barthers que nos podemos detener a cuestionar esa dimensión hasta entonces soslayada. Ellos portan y comunican un valor que no sólo se resume a sus funciones. Transportan un sentido que va más allá de esa función, lo que se traduce en una historia y en diversas capaz de significado.

 

 

Por ejemplo, en la pintura de Clara Peeters, „Naturaleza muerta con Queso, Nueces y Brezeln“ de 1615 el Queso no sólo remite  un hábito alimenticio, sino que permite comprender el valor que este alimento tenía en la época y su peso en el imaginario  social. El consumo de determinado bien es aquí un símbolo de estatus y comienza a adquirir una importancia dentro de los hábitos de una comunidad. El cuchillo en este cuadro nos está indicando también cierto refinamiento al resaltar las cualidades propias de su elaboración.

 

La ironización de algunos artistas posmodernos en torno al género viene antecedido por la persistencia del mismo dentro de las vanguardias artísticas y los nuevos acercamientos o re-interpretaciones qué esas vanguardias articularon en torno a la pintura. Apreciar la obra de Ori Gersht, „Pomegranate“, da la certeza de cómo el juego con géneros pictóricos propios del arte académico, permite abrir una reflexión sobre formas representacionales instituidas por el sistema del arte,  o cierta narratividad sobre lo artístico que en las prácticas visuales contemporáneas ya han perdido su potencial para establecer jerarquías.  

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Basketball, andrerucker

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dziurban.photo

Hoy, en un mundo saturado de imágenes y donde determinados bienes y objetos están presentes  en nuestra vida de una manera "sobre -entendida", es la publicidad y otras estrategias del marketing las que necesariamente resaltan las cualidades estéticas y materiales de los mismos. 

Los escuadres típicos del bodegón y la pintura de interiores, parecieran tener una fuerte presencia ahora en medios como Instragram, donde en pleno furor de la red social, quedan retratados exquisitos platos, flores, composiciones de accesorios para vestimenta, todo siempre desde un  esteticismo saturado.

 

Es esta una prueba de que los géneros pictóricos han trascendido las particularidades del medio pictórico y los predios de las bellas artes, para formar parte casi de manera inadvertida de la cultura visual contemporánea. Y es así como, la naturaleza muerta pareciera ser un género pictórico tan de moda como hace trescientos años. 

 

Redacción  Saul Joy ©2020

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