Mujeres

de Ingres

El pintor  Jean-Auguste-Dominique Ingres (Montauban 1780-Paris 1867) es recordado por su maestría para el desnudo, sobre todo para el desnudo femenino. El pintor hubiera querido consagrase por su cuadros de género histórico, los grandes temas, sus estudios minuciosos de la figura, las complejas composiciones. Desdichadamente fue reconocido y es recodado, por sus odaliscas, la representación aguzada del cuerpo femenino, el intento por lograr las curvas perfectas que de tan bien colocadas parecieran tensarse, sin dejar a un lado,  a la postre, algo de rigidez.

 

Sin embargo es indudable la belleza que resuman las figuras. Las mujeres de Ingres han sido generalmente apreciadas por su corporalidad, pero escasamente por el estado anímico en que se encuentran o que trasmiten. 

 

Ellas a veces posan desde una tranquilidad que no es retadora, sino que es una rara mezcla de éxtasis, inocencia y contemplación. 

En "Bañista de Valpinçon" la  joven pareciera adoptar una pose poco natural - no sabes si se dispone a iniciar una siesta o la termina, si mira a un amante o sólo contempla el lecho vacío . Visualmente el artista logró resaltar  la curvatura perfecta entre cuerpo y espalda, la textura de una piel casi de porcelana, pero no la realidad de una mujer pensativa sobre el lecho.

 

Lo más posible es que no exista ningún amante, y la modelo en el rol de Odalisca, personaje recurrente en estos cuadros de Ingres tuvo que ensayar una pose distendida y apacible. Imaginemos la voz del pintor sugiriendo poses y posturas: arquea un poco más el cuello, el mentón hacia abajo, dirige la mirada a las sábanas como si hubiera alguien allí. Imaginemos también que por un momento el artista olvida todos los rigores formales e intenta apresar cierta aura presente en la escena

 

Lo cierto es que la modelo estuvo prácticamente un hora mirando a las sábanas que era como decir la nada. Y se perdió en sus propias cavilaciones, contemplando, un no se qué, mientras Ingres intentaba captar cierta sexualidad entre aquello que en realidad era un momento de profunda introspección.

 La Grande Odalisca (detalle), 1814,  Louvre, París

La Baigneuse de Valpinçon, 1808, Louvre, París

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