Más allá

del

Cross-Dressing

Palomo Spain, Loverboy, Lazoschmidl, Sebastian Meunier, Fomme son algunas de las marcas de nueva generación que apuestan por un discurso sobre el género.

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Imaginemos al vizconde de Valmont en Les liaisons dangereuses corriendo sorpresivamente hacia la recámara de Cécile de Volantes. Revivamos en nuestra mente esta escena del  filme de Fears (por ser la referencia más cercana y más conocida), los decorados, el vestuario ampuloso y cargado de la época, las respiraciones entrecortadas ocultando sentimientos complejos, los movimientos sutiles.

 

Imaginemos ahora que el Vizconde no intenta entrar a la recámara de la señorita de Volantes, sino a la de un joven que como gacela sale asustado y corre hacia su vestidor. Allí tiene escondidas las cedas más finas, no de él, claro, sino las que roba  a su hermana. En un impulso desenfrenado combina una casaca y un vestido con jubón.  Así se presenta ante el Vizconde que comienza a frotarse las manos…

 Las primeras colecciones de Alejandro Gómez Palomo diseñador y creador de Palomo Spain (Posadas, Córdoba, 1992) me remontan un tanto a esas suntuosidad de la Francia antes de la revolución, a ese mundo de recamaras y secretos. La sensibilidad que se respira en el filme y también sus vestimentas cobran sentido para un chico de 16 años en las colecciones del diseñador (aún cuando visualmente no sea la referencia más pura). 

 

Y es esta precisamente la propuesta de Palomo Spain: el disfrute de una práctica del vestir y una visión de la moda vedada por los siglos a los hombres. 

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 Palomo Spain engrosa una nueva avanzada de creadores de moda que, partiendo de un principio propio del cross- dressing, generan nuevas maneras de percibir lo masculino. 

Si el mundo de referencias próximos a Palomo está conectado con la dimisión visual de Les liaisons ... y cuenta con  ciertas reminiscencias del Manierismo o una síntesis del folclore español, los diseñadores Josef Lazo y Andres Schmidl  (Lazoschmidl) parecieran narrar la historia de un film de los noventa que de por sí ya aborda la escena disco de los años setenta (véase quizás The last days of Disco para conectar con la sensibilidad de la década ). Estas conexiones no son tan delirantes como pudiera parecer si se tienen en cuenta que la marca ha adaptado el corte y silueta de la mujer de los noventa a cierta estética masculina.

Ambas propuestas pudieran parecer decadentes, sin embargo están ancladas en un concepto totalmente revolucionario. 

 

Cómo el propio Andres Schmidl concluyera en una entrevista para Dazed, sus  creaciones no abordan estrictamente el homoerotismo o cuestionan las masculinidades, sino que lanzan preguntas sobre el sentido de la sexualidad y el derecho del individuo a exteriorizar su subjetividad de una modo libre.

 

El caso de Sebastian Meunier al frente de Anne Demeulemeester desde 2013 y su trabajo para la colección de hombres desde el 2010 adelantaban ya esta corriente. Meunier ha dotado a la firma de un halo de romanticismo no exento  también de cierto glamour gótico. Cada pieza es una combinación entre masculinidad y feminismo. Acercarse a una de ellas y detallarlas constituye una recitación velada a cada momento de la moda de las últimas décadas: una hombrera típica de la mujer en los ochenta viene sucedida de una versión del corsé o  chicos luciendo camiseros de volantes y abrigos entallados en la cintura. A pesar de todos estos añadidos Meunier no abandona la órbita minimalista y vanguardista que definiría la marca. 

En una dimensión del todo equidistante al minimalismo, pero igual de disruptivo, se encuentra Charles Jeffrey con su marca Loverboy. Graduado de Central Saint Martins y sumergido en la escena creativa queer londinense, sus primeras colecciones parten de estas influencias pero sobrepasan el préstamo genérico de atributos. Su propuesta está anclada en una teatralidad y un juego con el detritus y lo esperpéntico. Cada uno de sus shows se despliega, como un cuento infantil de fantasía, distorsionado por una caravana de figuras grotescas.

 

Loverboy surge de esa escena alternativa de clubes y proyectos creativos entre amigos que son una celebración a la individualidad en tiempos políticamente reaccionarios, disparatados e inciertos. 

Quien asista a los desfiles de estos diseñadores e intente ubicar sus colecciones en una boutique, creerá que sus piezas tienen nula salida comercial, o una repercusión muy escasa, pero este no es el caso. 

 

En los desfiles de Palomo Spain del 2017 (Hotel Wellington) y 2018 las celebrities se amontonaban para verlo, Almodovar incluido y Rosy de Palma desfilando para él mismo. Piezas de las colecciones del diseñador son traídas por cantantes como Rosalia, para una de sus presentaciones, Beyonce o Miley Cyrus, quien hizo aparición en un videoclip con uno de sus vestidos. Pero más allá de tener una amplia aceptación por el público femenino, el también jurado del show televisivo Maestros de la Costura tiene su grupo de musas masculino/as  (incluido su novio) e inspira a fotógrafos como Kito Muñoz.

Tanto en la biografía de Charles Jeffrey como en sus colecciones y puestas en escenas se mezclan elementos tan paroxisticos y llamativos que no es una propuesta que se pueda dejar de lado. Sus diseños han tenido un gran impacto en la London Fashion Week  y pueden encontrarse en grandes plataformas de venta como SSENSE y farfetch.com o en el unisex Pop-up de Selfigreds. Según el propio Jeffrey sus creaciones tienen como público ideal a sus amigos, los chicos de sus medio y los visitantes de Vogue Fabric (evento que organiza) y aquellos que les es difícil expresar su individualidad en un panorama normado

Está nueva generación de jóvenes diseñadores aunque tienen una propuesta muy personal gozan de reconocimiento en los medios y un fiel grupo de seguidores

Lazoschmild por su parte contrasta con la visión que se pueda tener de la moda nórdica asociada con cierta elegancia austera y colores neutros. Las referencias de la joven marca pasan por el  camps y cierta medida de lo extravagante. La relación de la marca con la identidad de género apuesta por lo festivo y fluido, pero sin embargo no deja de estar en los límites de la economía de recursos. 

 

Este juego con las expectativas de género está presente también en otras marcas jóvenes cómo Fomme  de la joven diseñadora Sarah Effenberger con sede en Berlin y que combina lo  „típicamente masculino o femenino“ en una pieza.

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Son estás propuestas una simple tendencia o han ido perfilando una zona dentro del mercado, o se corresponden con cierta necesidad de exteriorización de la individualidad en estos tiempos? Pudieran representar esta avanzada creativa una reactualización del unisex que emergió desde lo 60 o quedan sólo en el terreno del cross-dressing?

 

En el campo de la cultura contemporánea, estas prácticas desarticulan el paradigma heteronormativo. Hay una disociación que trasciende esos binarismos para aportar elementos que permiten al sujeto la expresión de cierta noción del „yo“ desde la performances corporal. 

 

Resulta además interesante que tales expresiones se den con tanto vigor al interior de un campo como lo es la moda y no sólo en los predios del arte; de la moda con todos sus condicionamientos y su constante mutabilidad. 

 

En tiempos donde el debate desde el arte sobre temas de diversidad cultural no parece desapegarse de cierta retórica anclada hace cuarenta años atrás, es en otros predios de la producción visual donde se abren nuevos modos de entender el juego de roles en la sociedad y cómo el individuo se posiciona frente a estas subjetividades.

 por  Andrés Álvarez

 

 

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